viernes, 3 de octubre de 2008

Noche bélica

Ahí estábamos todos juntos pensando que hacer el sábado a la noche. Nadie decía nada pero en el fondo todos sabíamos cual era el destino para esa noche. Comenzaron a surgir interrogantes tan cotidianos como tediosos, preguntas como qué cenaríamos, que beberíamos, quien se encargaría de elaborar el menú (probablemente no muy elaborado o tal vez para sorpresa de los comensales si lo fuera) y por último decidir a quien le tocaría la fastidiosa tarea de ir al supermercado en un día en el que todas las personas coinciden en el horario para realizar sus compra mezcladas con un raro paseo entre góndolas.
A todas estas cuestiones les llegó su respuesta, la comida estaba en la mesa y todo seguía como de costumbre, hasta que alguien dio la voz de mando y comenzó la actividad que todos sabíamos que ocurriría.
Los 5 en la mesa cada uno con su objetivo en mente decidimos que queríamos conquistar el mundo. Desplegamos un gran mapa sobre la mesa y cada cual colocó su ejército en el país que le correspondía.
Si bien sabíamos que todos queríamos lo mismo también teníamos en claro que no dependía de uno sino de un elemento decisivo e incontrolable, el azar.
Ambiciones, discusiones, reglas, poder todo estaba ahí en la mesa. El destino del mundo dependía de cada uno de nosotros, ya no era una noche de sábado mas, la guerra había comenzado.
De madrugada el mundo estaba repartido en entre nosotros, cada general lideraba su ejército con énfasis, las estrategias, tácticas y jugadas se mezclaban en el aire. Nadie sabía cual era el objetivo de los enemigos pero se percibían señales que permitían imaginarlo. Y llegó el momento culmine en el que alguien logró su objetivo, el ejército verde ganó el partido de T.E.G
¿Qué pasaría si la guerra en vez de ser lo que es fuera un simple juego? ¿Y se decidiera así con dados y azar?